Prioridades y perspectivas

05.07.2019

                        ¿Desde qué perspectivas planteas tus prioridades?


Si todo tiene un orden en esta vida, aunque no lo parezca..., tu aprendizaje, objetivos y propósitos internos también lo tienen. Si no lo respetas es como si quisieras subir el quinto escalón sin haber pisado todavía el primero, pero resulta que el segundo y el tercero (por decirlo de alguna forma) están mal y necesitan de un arreglo, un cambio y no te darás cuenta hasta que los pises ¿tendrás que pasarlos?

A veces no tenemos ganas ni energía para ponernos con algo y lo que no imaginamos es que puede haber otro momento que sea más correcto porque tengamos una nueva solución o forma de hacer eso y voy a explicar esto un poco para que se entienda lo mejor posible, al menos desde mi experiencia.

Empieza la época de verano y me pongo manos a la obra con mi casa que tiene problemas que solucionar, siento la energía, el ánimo para hacerlo y "puedo" hacerlo. Después de priorizar con las principales cosas necesarias en el día a día como el comer (incluye comprar comida), vestir ropa limpia, descansar y dormir... Planteo el proyecto y lo que voy a necesitar.

Me pongo a ello en cada momento que puedo y me siento con energía, mi cuerpo está activo y tengo ganas de ponerme manos a la obra. En mi lista había puesto muchas cosas para arreglar, tal vez, la casa entera, pero conforme voy solucionando algunas cosas, mi cuerpo va bajando su energía y, de pronto, noto que no puedo seguir. Observo que ya no tengo el ánimo ni las fuerzas por más que quiero ponerme. Me pongo, pero no resisto nada, hay algo en mí que ya no quiere seguir.

Entonces me pregunto ¿a qué se debe este cambio repentino si estaba animada?, ¿por qué o, para qué, no me sale la energía? ¿Hay algún motivo (que desconozco) para que mi cuerpo me esté parando?, y me viene la siguiente reflexión...

¿Y si resulta que lo que yo quiero arreglar de una forma determinada, tal vez demasiado rápido y he hecho mis "planes", no es la mejor forma de hacerlo? ¿y si hay una forma mejor, pero debo esperar a otro momento? Es decir, la falta repentina de energía será por o para algo. Me pregunto el ¿para qué se me para la energía? que es lo que está haciendo mi cuerpo, parándome.

Decido aceptar y confiar en mi cuerpo o en mi energía que se ha detenido en el proceso de hacer esos trabajos medio forzados, esos trabajos extras para los que necesito estar con fuerzas y dejo aquello en lo que ya no consigo ponerme, lo dejo tal y como está, no me obligo, acepto parar.

Como resultado, al año siguiente qué "coincidencia" que descubro una solución que no sabía el año anterior. Averiguo que hay otras formas de arreglar eso que había planeado y me hubiera esforzado tontamente sin ser realmente una solución más definitiva. Ahora comprendo lo que me sucedió y es que una parte de mi sabía que no era necesario arreglarlo en ese momento aunque, mentalmente hablando (exigencias, juicios -los deberías-, deseos...), quería hacerlo porque me molestaba el cómo estaba todo. Tuve que aceptar y tener la paciencia, además de confianza, de esperar sin saber lo que iba a tardar en volver a intentarlo (incertidumbre).

En el trabajo cotidiano de una nueva reforma, aprendo a compaginar la energía con el esfuerzo. Los momentos de bienestar y los de responsabilidad y trabajo de forma que, aunque vaya a un paso que mi mente juzga como lento..., yo me siento bien y todo va fluyendo, poco a poco. Disfruto mucho más del proceso y observo como mi interior necesita su tiempo para cada cosa. Aprendo sobre la paciencia y a tener un orden. Las cosas van sucediendo de una forma más armónica, tranquila. Es como que, cuando te pones, todo sale que casi no te das cuenta y es porque era la energía adecuada y el momento oportuno. En realidad, el cuerpo ya estaba preparado para eso y es que, normalmente, no tenemos en cuenta que, todo arreglo externo, implica un posible cambio interno. Estamos cambiando la perspectiva y las memorias internas que hicieron que las cosas llegaran a ese estado. 

A veces, tengo que esperar, no importa el tiempo, una semana, un mes, un año..., para hacer algo que desde mis exigencias mentales las habría hecho en el menor tiempo posible, cuanto antes, pero me perdería lo que ahora sé. Una información que me llega nueva y me facilita el trabajo y es entonces cuando llega el momento perfecto para hacerlo.

Igual, digamos que tenía el plan de ver si podía cambiar un mueble que estaba viejo, roto y ya no lo quería ver, pero al esperarme encuentro uno que me gusta más, queda mejor y tiene menor precio. Si lo hubiera hecho el año anterior forzándome u obligándome a tomar la decisión por estar cansada de no tener las cosas como quería y exigirme cambiar lo más rápido posible..., entonces no habría tenido la mejor opción porque no era el momento.

Aprendo que todo tiene su tiempo y su propósito.

Pararse, descansar, reflexionar, relajarse, sentarse a crear algo que nos encante..., es igual de importante que "hacer" algo, o aquello que se ha puesto como primero en la lista de obligaciones, depende...

¿Has hecho alguna vez una lista ordenada por los gustos y el bienestar personal?

Y cuando digo, igual no debería hacerlo..., es desde si "corresponde" o no, según mi camino de vida, según mis propósitos internos. Qué experiencias me corresponden, en qué momento y cuál es el propósito de las mismas...

¿Cuáles son tus prioridades?

¿Crees que una faena de la casa, sea la que sea, puede esperar o está antes que dedicarte unos minutos o una hora, el tiempo que necesites, para tu bienestar emocional y físico? La casa sigue ahí, pero tu tiempo personal y de bienestar se va... Esa creatividad que te surge cuando te das un rato de placer haciendo lo que más te gusta hacer..., se va. Y vendrán nuevos..., pero si quieres avanzar sobre tu propósito de vida, el propósito interno, te conviene comprender esto ya que en la libertad del corazón se haya el poder desarrollar esos dones que tienes y que es uno de los objetivos de tu alma.

Si pones tu lista de prioridades intercambiando unas responsabilidades u obligaciones con acciones de bienestar como, por ejemplo, escuchar un rato música relajante que te encanta, escribir, meditar, comerte un helado..., no importa lo que sea, pero te da bienestar.

Debo hacer algo..., bien, me organizo y planteo en qué momento es más idóneo y me encuentro bien para hacerlo. Si estoy obligada "ya" porque es urgente, lo acepto y lo hago, pero cuando termine me permito descansar si es lo que deseo y dejo de machacarme con obligaciones que pueden esperar.

Yo me hice un planteamiento cuando la salud me empezó a fallar y así sigo...:

Prioridades es todo aquello que no puedo dejar pasar (quitando temas extras que todos tenemos de vez en cuando), debo comer (esto incluye comprar el alimento, pero no dónde tengo que comprarlo y ahí puedo elegir el sitio más cercano, el que más me guste, el que me pilla de camino, el más económico...) ponerme ropa limpia y dormir, además de descansar. Esas son las principales. Lo demás, lo organizo según me voy sintiendo y si veo que algo me está afectando, me pongo con eso en cuanto siento la energía para hacerlo.

Hacer y no hacer puede traer la misma satisfacción y beneficio si se sabe dosificar y sentir lo que el cuerpo está pidiendo. Si puedes, prioriza por tu cuerpo. Si no puedes, termina y date un respiro en cuanto puedas...

A veces, para darse un respiro hay que aprender a decir "no" a algo y "sí" a tu corazón.

Este artículo no va dirigido a quienes tienen falta de tiempo porque están en circunstancias desbordantes como puede ser un negocio que requiere de mucha dedicación, organización, familia con varios hijos, trabajo y cuesta disfrutar de algunas de esas cosas que nos dan tanto bienestar, pero si se pueden hacer las prioritarias de la mejor manera posible sin grandes expectativas o exigencias, digamos que lo justo y necesario. En cuanto se pueda, hacer algo que guste y cambiar lo que se siente si cuesta aceptar el presente. A mí, a veces, me cuesta mucho sobrellevar una situación determinada, insistente, con la que me siento algo desbordada o cargada, pero cuando descubro por qué he reaccionado y para qué (el posible propósito de ese suceso y tener emociones determinadas), tomo medidas, aprendo de la experiencia intentando ver qué me sucede al respecto y me pongo a trabajar en mí para cambiar mi actitud, primero, después otras pruebas vendrán y podré comprobar si he aprendido de la experiencia, o no, y si vuelvo a repetirla es para que siga intentándolo, eso ya es un propósito y, en consecuencia, una prioridad, al menos para mi.