La dimensión interior y tu relación

21.05.2022


Mezclando el tú y el yo

Aunque ahora no despierte con alguien a mi lado, si así fuera, necesito despertarme con alguien que hable el mismo idioma interior que yo. Aunque yo misma, a veces, me sienta como loca por todo lo que veo más allá de..., y todo con lo que tengo que lidiar como cada cual lo suyo..., seré comprendida y respetada, a poder ser, admirada porque aquel con quien esté deberá ser un bumerang de admiración mutua.

Es algo muy importante el hecho de admirar a esa persona con la que estás, no sólo por sus logros, estudios, capacidades, aunque eso está interesante, sino por todo el conjunto, su actitud como persona y compañero, su capacidad como tal y visiones de vida. Si no hay admiración no hay conexión, complicidad apasionada y entregada.

Puedes tener un querer sencillo y tranquilo sin altos ni bajos donde nada sobresale y, quizás, sólo quieres seguridad o puedes tener un torbellino de sensaciones que pueden ser buenas o que no lo sean tanto, de ahí dependerá si es una relación sana, divertida (profunda o no), conflictiva, quizás, tóxica.

Al principio todo puede ser muy bonito, mucha química y, para algunos, un acuerdo de lo que les interesa y lo que no, hasta que empiezas a ver diferencias en ciertas cosas..., el lenguaje por la educación (quizás) algo diferente, distintas creencias de relativa importancia o perspectivas en lados extremos. Aunque, por un lado, podría ser un enriquecerse mutuo, a la hora de acostarse y levantarse, echar mucho tiempo juntos..., la comunicación se enturbia y empiezan las distancias o la necesidad de cierto distanciamiento si no te empeñas en que sea como tú, si no te obsesionas en que cambie. Te das cuenta de que esas diferencias, ahora, son importantes cuando antes no era así porque, quizás, ni siquiera las veías y no son del tipo le gusta la cerveza y a ti el vino. 

La ceguera del enamoramiento en personas tan dispares es el plan del inconsciente para que vayas con quien tu alma planeó porque te reflejará lo que tienes que cambiar, reconocer, perdonar o, en muchas ocasiones, dejar atrás. Unos lo consiguen y otros no, cada uno con su mejor o peor suerte que va creando con sus decisiones y dominados, en más o menos grado, por sus programas. La intención oculta de su mente pero que no es, en verdad, intencionada por el ego porque funciona diferente, al menos de la que estoy hablando yo.

Si creo en el alma y hablo desde ahí, necesito que mi compañero también hable así y entienda cómo me siento a un nivel más profundo porque también siente más profundamente. Que conecta conmigo porque sino, tarde o temprano, me siento incomprendida, no deseo contar más y me canso de hablar por no ser entendida como realmente deseo, no ser vista como siento que merezco y me doy cuenta de que ya no funciona. Por más que me guste o muy bueno que sea, la profundidad de la comunicación se hace imprescindible porque para echar ratitos ya están esos (exclusivamente) ratitos pero no una temporada, corta o larga, pero temporada. Y, cuando profundizo más, hasta esos ratitos tienen que tener su sentir especial.

Cuando los ratitos nutren los efectos pueden durar días, en cambio, cuando no son así, el vacío vuelve a salir de su escondite haciendo sentir su frío porque no están en la misma dimensión interior.