Me pillaste indefensa

10.04.2020


Y es que, a veces, no estás preparada para lo que llega porque la vida te pone a prueba...

Ese pasado que bloqueó todo tu mundo y te sentiste obligada a retener aquello que pudiera ayudarte a sostener lo poco que te quedaba de valor. Tanto orgullo roto y tanta pena inútil. Nada sirvió más que para tocar fondo y, finalmente, tener que saltar para cambiar tu rumbo. Mira..., ya puedes decir que de algo te sirvió.

De algo han servido tantos miedos y tropiezos que te obligaban a levantarte una y otra vez porque no te quedaba otra. El destino es caprichoso y, cuando menos te lo esperas, aparece de nuevo, como si nada importara, abriendo la puerta de par en par para que te des cuenta y tú te quedas, ahí, boquiabierta. Entre tanto, no puedes evitar sospechar y, tal vez te preguntes, pero ¿qué quiere ahora de mí?. Como nunca lo subestimaste, no sabes por qué te sacude tanto cuando creías haberlo guardado bajo llave.

Y, aunque no entiendes al destino, sí sabes lo que ya no quieres o lo que crees que es injusto para ti y después de tantos intentos fallidos ya no te importa lo insegura que estuviste, o que puedas estar ahora, porque todo dará vueltas, eso seguro. Sabes que tienes que rodearte de tus mejores deseos como merecedora que eres y nada te lo impedirá. Ya nada te hará creer que no mereces. 

Aun, si llevas mucho tiempo sin poder salir del corral en el que te metiste, con paciencia y aprendiendo como puedas, conseguirás ir avanzando y hacer camino hasta romper esas rejas que, casi, no te dejan respirar. Cuando yo lo viví, podría resumirlo como ¡pobre corazón!, o creo que eso pensaron quienes fueron testigos de mi sombra, pero salí.

El pasado no vuelve, lo que pasa es que, siempre llega lo que quedó pendiente. Igual, ahora no te das cuenta, pero créeme que lo harás porque tarde o temprano te cansarás de estar siempre dando vueltas en la misma rueda. Algún día vas a ver más allá de tu ceguera, romperás el velo que te cubría y abrirás el telón de tu obra comprendiendo así tu historia, ¡menudo teatro!, dirás...

Así es que, ya sabes, un día terminas con todo lo que te ató al sillón donde reposaban tus anhelos y algún que otro sueño frustrado. Ahora arrasas como fuego a través de la paja seca que acumulaste, quemando lo viejo para poder sembrar lo nuevo y yo no tengo más remedio que decirte: ¡Felicidades! porque aprendiste a sobrevivir hasta que te atreviste a vivir. 

En honor a todos esos sueños frustrados, 

pero que te han enseñado a levantarte, cada vez, más fuerte.