Todo está bien

20.03.2020


Hay un ser maravilloso que está pendiente de mí, creo que tenemos un acuerdo, aunque yo no lo recuerde. Dice que me calme, que todo está bien.

Sabe lo que siento y lo que intento hacer, por eso está ahí. Sabe de la entrega sin necesidad de sacrificios y lo que tenga que ser, sin ningún interés más allá de lo correcto.

Que no importa si no veo el para qué porque las cosas no me cuadren desde mi mente pensante, lo que importa es hacer lo que ya sé, eso que es innato en mí y que no me derrumbe.

Que esas aparentes bofetadas son con mucho cariño y sólo tengo que saber interpretarlas porque no soy como los demás, que de eso se trata.

Me dice que siempre habrá algo que no alcanzaré a comprender, pero no por eso debo afligirme. Que la incertidumbre sólo son posibilidades que aún desconozco y la sorpresa es una constante en la vida, pero tengo que aprender a desenvolverme bien y, pase lo que pase, puedo elegir, seguro que será lo mejor para todos. Parece que confía en mí...

Me dice que tenga calma, confianza y siga con aquello que mi corazón me dicta, aunque tenga que ser firme con aquello que me duele, pero me hará más fuerte.

Me dice que todo lo que no se pudo cumplir puede ser borrado y muchas cosas de mi están cambiando y cuando me acuerdo de lo que, todavía, tengo pendiente, me abraza en silencio como si quisiera consolarme.

Cuando me doy cuenta del daño que pudo vivir, mi corazón se estremece y sólo quiero abrazar aquello que se le robó y devolvérselo desde mi oración.

Dice que mi dolor no es más que la comprensión por tener conciencia de lo que veo y que no importa tanto lo sucedido como lo que estoy haciendo. 

Que no pasa nada, que todo está bien.