Voy a ponerme en tus zapatos

12.04.2021


Creo que uno de los mayores actos de amor que podemos hacer es ponernos en los zapatos del otro.

Recuerdo cuando estaba estudiando el primer nivel de Diseño Humano (herramienta para la personalidad), podía sentir la comprensión de cómo cada uno está actuando desde lo que tiene en todo su diseño traducido en información, su mente, su físico, aspectos genéticos y energéticos, tanto para bien como para mal (por decirlo de alguna forma) y todos disfrutamos y, a la vez, pagamos por ello. Tal vez nos pasamos, quizás nos quedamos cortos o ni uno ni otro...

Sea lo que sea, la realidad más profunda es que nosotros lo hemos elegido para movernos en este mundo y nos hemos puesto nuestros propios obstáculos a superar como habilidades para disfrutar. Digamos que somos responsables de ese diseño o esa estructura y estudiando la información puedes comprender una perspectiva que no se queda en el ego, aunque sí se puede ver si estamos, o no, en el ego. Pero, bajo mi punto de vista, no estamos obligados a trascender, eso es cosa del alma y nadie lo está, cada cual tiene el derecho y la libertad de hacer o no hacer con sus debilidades y virtudes, aunque si podemos animarles o recordarles lo mejor de nosotros y ellos mismos, si lo vemos.

Se supone que, primero, tenemos que mirar dentro de nosotros mismos, pero necesitamos de los demás que están fuera para poder conseguirlo, aquello que tenemos que aprender, corregir, resolver, sanar, liberar..., y también disfrutar, nada está fuera de la ecuación pero, en ocasiones (tal vez en muchas), llevamos cargas que no imaginamos ni recordamos aquí porque son de otras vidas, algunas no son nuestras sino de nuestros ancestros. Hay de todo, cargas sociales, familiares..., y claro, suele hacerse cuesta arriba si las mochilas son muy grandes, esas van a pesar mucho más.

Cuando reflexiones sobre lo que has hecho, si hay algo que no hiciste bien, no se trata de venirte abajo cuando tomas conciencia de tu error por el daño que hayas podido causar, aunque tampoco pasa nada si te sucede, vive el proceso, pero el dolor que sientas es un aprendizaje en sí mismo, sobre todo cuando tus actos han sido desastrosos o muy dañinos. Cuesta, pero se trata de perdonarte a ti primero, sin eso, nunca lo superarás ni dejarás de dañar ya que no perdonarás al otro lo que no te perdonas tú.

La mente dice: "uff, qué difícil es eso", "no es tan fácil", "eso es imposible", etc., pero y el corazón, ¿qué piensa o siente al respecto? Seguro que hay una gran diferencia en la respuesta y el sentimiento.

Entenderás su causa y su dolor, que hizo lo mejor que supo con lo que tenía, así es más fácil perdonarte por haberlos juzgado

Es fácil cuestionar a los demás porque lo de fuera lo vemos, lo que nos resulta más difícil es verlo dentro de nosotros, ya lo sabemos si, pero resulta tan fácil olvidar lo que dijo un gran maestro: "vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro".

Durante toda la vida estaremos moviéndonos de aquí para allá lidiando con todos esos juicios, cuestionamientos, miedos, creencias..., y siempre tenemos que tomar decisiones, es obvio, tal que, unas veces continuaremos en compañía de ciertas personas, empleos, lugares, actividades..., y otras no seguiremos, simplemente porque las cosas son así. Vibramos y atraemos lo que necesitamos atraer para seguir cambiando de vibración tomando conciencia de todo aquello que nos queda por liberar, aprender y por disfrutar.

En definitiva, todos estamos en el mismo barco por más grande que este sea y siempre podemos cambiar de opinión y de escenario, movernos por los pasillos de los camarotes, coger el de la derecha o el de la izquierda. Saltar a la piscina interior o al mar con su profundidad para los más atrevidos. Quedarse encerrado entre las paredes del restaurante o recorrer todos los habitáculos para comprender el contexto del conjunto que estamos habitando. Eso es lo que hace el conocimiento de uno mismo (el conocimiento os hará libres), nos libera y nos ayuda a estar en paz porque nos comprendemos y entendemos mejor lo que tenemos cerca y, quizás, lo que tenemos más lejos.

Tal vez, tanto quien diga que no necesita de nadie como que necesita de todos y en todo momento, le quede todavía por entender.

Si decimos ahora sí, ahora no o todo son procesos y, tanto en soledad como en conjunto, todo tiene su efecto y necesidad, entonces podríamos estar entendiendo mucho más y, con suerte o sin ella, la mayor comprensión que sólo esos maestros y avanzados en su evolución personal parecen ser capaces de alcanzar, podría llegar a nosotros, nunca lo sabremos si no empezamos ni lo intentamos.

Voy a ponerme en tus zapatos y sentir con el corazón