El deporte puede salvar vidas

De niña y jovencita nunca viví en un ambiente donde los jóvenes estaban por las calles, sin control, haciendo cosas insanas. No sabía lo que era eso y hasta más adentrada en mi etapa de adulta ni siquiera lo observaba. Cuando empecé a tenerlo cerca, me quedaba algo sorprendida y, en ocasiones, hasta asustada porque observé que me daban miedo ciertos jóvenes y niños criados en una educación donde dejaba tanto que desear el respeto por los demás. No entendía ese libertinaje ni que gustara tanto estar en la calle sin hacer algo productivo, interesante o sano como pudiera ser jugar con los amigos al ratón y al gato, policía y ladrones, al teje, a la comba,, pasear, hacer deporte, etc., eso era lo que yo vivía... Una cosa son travesuras y otra muy diferente el lastimar a otros y lastimarse a uno mismo.

¿Sabéis? Tengo un hijo de 23 años y forma parte del Club Voleibol Rochelambert de Sevilla desde hace años y su novia también, los dos juegan al Voleibol. Hace 16 años, me separé y mi hijo pasó a vivir una situación difícil con la edad de 7 años. Al cabo de un tiempo, me di cuenta de que estaba muy solo, aunque tenía amigos del colegio y yo lo llevaba a polideportivos y parques donde tuviera un buen ambiente, además de dejarle probar deportes varios para ver qué le gustaba. No había nada, en particular, que le llenase lo suficiente como para mantener la disciplina de asistir 2 o 3 veces en semana. Paralelamente a esto, decidí formar un grupo de amigos (también separados) con niños para que, tanto el como yo, pudiéramos relacionarnos y así verle más feliz. Lo conseguimos y pasamos unos años fantásticos. Ellos (los niños que fueron creciendo...) mantuvieron contacto, aun cuando empezamos a distanciarnos por circunstancias de la vida. En mi caso, entraba en una etapa económica que me impedía relacionarme como lo hacía antes y esto era un factor negativo en nuestras relaciones sociales pero, sobre todo, para la vida de mi hijo.

Entonces, entró en el Club de Voleibol Rochelambert siguiendo la propuesta de su padre que jugaba desde pequeño y quien se hizo cargo de todo. Esto empezó a darle vida y, aunque el no era niño de calle sin control ni yo le hubiese dejado, le ayudó a combatir la posibilidad de aburrimiento, dosis de frustración y lo mantuvo más cerca de su padre porque tenían algo en común (muy importante cuando un hijo vive la separación de sus padres). Empezó una actividad que le llenaba, le aportaba, le ayudaba en sus relaciones sociales, compartía, aprendía a trabajar en equipo además de mantenerse en forma.

En el caso de mi hijo, el ha vivido siempre un ambiente sano (dentro de lo que supone una separación) y no ha tenido que lidiar con sufrimientos mayores al respecto, pero ¿cuántos son los que SI lo viven? Y si a esto le añadimos que no tengan donde desfogarse o donde compartir de alguna forma sana, disciplinar su actitud de colaboración, entrega, fortaleza física y emocional... ¿cómo serán sus días? o lo que es peor ¿cómo podrían llegar a ser...?

Después de todos estos años puedo entender el valor y el beneficio que le ha aportado, y le aporta, a mi hijo el formar parte de un equipo deportivo, tanto física, mental como socialmente hablando. Igual que el trabajo une a las personas, el deporte también lo hace. Cuando vivimos situaciones constantes en las que compartimos objetivos sanos y responsabilidades, crecemos como personas, nos unimos y esto impide que nos perdamos en situaciones y experiencias conflictivas, dolorosas y peligrosas para nuestra salud.

Si deseas colaborar, participar, apuntarte o apuntar a alguien..., puedes entrar en el enlace que hay más abajo donde encontrarás toda la información del Club Voleibol Rochelambert.

ADEMÁS, ofrezco una parte del beneficio del libro que tengo editado y que puedes verlo en el apartado "mi libro", para este Club, así es que, si quieres ayudar a su mantenimiento comprándolo, sólo tienes que ponerte en contacto conmigo.

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